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restaurantes en bilbao
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restaurantes en bilbao
2013-09-22 01:51:42 UTC
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Salado y dulce, me gusta la combinación. Descansa y nos vemos a la vuelta. Bss.
restaurantes en bilbao
http://restaau.es/Search/City/restaurantes-en-bilbao.html
Armando Guerra
2013-09-23 00:01:22 UTC
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En esta charla sobre trenes seria un capitulo mas interesante el conocer los servicios gastronomicos de los trenes y estaciones.

Un coche restaurante de los de verdad, creo no haberlo utilizado mas que una vez en un tren expreso. Uno de esos de la "Cia. Internacional de los coches-camas y de los grandes expresos europeos". Recuerdo su cocina de carbon y que se comia bien y barato. El desayuno gratuito en Talgo, servido en el asiento y el tambien haber comido en el diminuto TER de Bilbao.

Peor recuerdo tengo de un moderno Alvia y de otros trenes dentro de Europa. Estaciones con un buen servicio de Restaurante con trenes de Parada y Fonda tambien existian: Monforte de Lemos con una parada de 40 minutos fue un ejemplo, pero sin duda existian muchos mas.

Bueno. Ahora que lo pienso, Coches-Restaurante los utilice tambien en Polonia "Wars" es cada vez peor. En la antigua Union Sovietica. En MITROPA de la RDA que era baratisimo, en el Bistro de ICE en Alemania, malo y caro, en el Canal de la Mancha, mas malo y mas caro todavia y tambien en Francia en TGV: Servicio pasable y no tan caro.

Asi como Coche-Restaurante puedo calificar como tal solamente el de color azul de los antiguos expresos de RENFE.
Corail
2013-09-24 09:10:26 UTC
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Para gustos se hicieron colores y seguramente habrá gente que no piense como nosotros, pero estoy de acuerdo. Creo que una de las experiencias más bonitas que se pueden tener a bordo de un tren es la de ir al coche restaurante y disfrutar de un buen paisaje con una buena comida.

No pude llegar a lo de los coches con cocina de carbón, pero sí que tuve el placer de comer en el coche restaurante que acoplaban al Corail de Asturias, cenar en algún otro expreso hacia Galicia y Andalucía, y luego, mucho más tarde, de comer, cenar y desayunar muchas veces en esos remolques de Talgo Pendular que hacían las veces de restaurante.

Hasta el servicio de restauración en el asiento que tenían en los Talgo estaba muy bien. Al principio eran bastante caros, pero justo antes de la época de los Altarias, siendo de la CIWL, podías comer un buen plato combinado en tu asiento por un precio muy interesante.

Eso de pasar el puerto de Pajares con un buen filete de ternera con patatas y al mismo tiempo echar algún vistazo a la peli que ponían en los monitores era realmente divertido.

Otra experiencia muy bonita es la de cenar en los restaurantes de los Tren-Hotel... especialmente de esos que no se llenaban porque había pocos viajeros que fuesen a cenar. Los Elipsos tenían el problema añadido de que el nivel adquisitivo de los viajeros solía ser superior y había que poner varios turnos para cenar. Además, era muy frecuente tener que compartir una mesa de cuatro plazas con perfectos desconocidos. Algo que en Europa es muy normal, pero que resulta un pelín agobiante por la invasión de ese espacio vital mínimo al que estamos acostumbrados en los países latinos.

Respecto a lo de comer en trenes extranjeros, solo puedo dar fe de la calidad y el precio de la restauración a bordo del ICE. Al otro lado del atlántico, pudimos ir a comer al coche restaurante de uno de esos mega-expresos de EEUU que iba desde Miami hasta New York (únicamente probamos cuatro horitas y pico en el tramo de Miami a Orlando) y pudimos comprobar que, sin ser alta cocina (más bien "fast food", el servicio era muy bueno y además muy económico.

En Feve (perdón ... Renfe), hace un par de años descubrieron que era mucho mejor dedicar algún día del viaje a organizar alguna comida o cena a bordo del tren y, aunque ya desde hace por lo menos 10 años se comía a bordo (de catering), ahora hay un furgón equipado con una cocina que no tiene nada que envidiar a la de los mejores restaurantes de tierra firme.

Debe ser cosa de la modernidad, pero justo cuando se descubre un detalle diferenciador que podía marcar una cierta superioridad del ferrocarril sobre los demás medios de transporte, sus gestores van y lo suprimen. Ahora que las compañías aéreas presumen de tener platos de porcelana y cubiertos de metal en las comidas de las acomodaciones buenas, en el tren van suprimiendo los servicios tren-hotel y esas comidas que antes se preparaban como en los restaurantes de tierra firme, van dejando paso a los caterings servidos en ridículas bandejitas de plástico que, quizá sean de un tamaño justo para los micro-asientos de los aviones, pero quedan desproporcionadamente pequeñas en las mesas plegables de la clase preferente, que es el único sitio donde se sirven ahora.

Por suerte aún quedan restaurantes desperdigados a lo largo del país, donde puedes sentarte a comer en un antiguo coche restaurante, al estilo de antes, con el único esfuerzo de tener que usar tu imaginación para sustituir el escenario estático de turno por aquel paisaje cambiante de la ventanilla que te hacía comer sin prisa, con tranquilidad y sintiéndote el tío más feliz del mundo.

En cuanto a las fondas. Pse. Quedan bares. Bares como los de cualquier otro sitio. A veces hamburgueserías, pizzerías o incluso Kebabs... Nada que recuerde aquellas fondas ni el ambiente que tenían.

Cuando intento describir todo eso que tuve el privilegio de vivir, siento la impotencia de no ser capaz de poner en palabras todos esos recuerdos tan maravillosos que no volverán y que más de uno jamás pudo vivir. A día de hoy, en pleno siglo XXI, me siento como esos abuelos cebolletas nostálgicos que conocí en los años ochenta, hablando con auténtica pasión de sus recuerdos del vapor... y no comprendía cómo podían haber disfrutado de esos "trenes viejos". Ahora soy yo el cebolleta... y creo que comprendo cómo se sentían.

Perdonad por el rollo... de nuevo.

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